viernes, 25 de abril de 2008

No quiero pe

lapsos que tengo aveces
aunque aun no se le puede llamar
rebeldia



no quiero ir a la pre....

no quiero gastar mi saldo...

no quiero comprame ropa...

no quiero dejar de perder el tiempo...

no quiero dormir temprano...

no quiero dejar de ir al cole...

no quiero eliminar mis fotos de la compu...

no quiero olvidarme mi cumple...

no quiero estudiar...

no quiero ordenar mi cuarto....

no quiero salir de la casa....

no quiero despertarme temprano...

no quiero arreglar mi hi5....

no quiero,

no quiero

y no quiero



y sobretodo NO QUIERO dejar de tararear variazioni in blue.

viernes, 11 de abril de 2008

Mi problema con el arroz [2da parte]

Pollo como leña

La primera y última vez que freí pollo fue cuando mi mamá tuvo que salir temprano. Me explicó rápidamente el procedimiento y se fue. No entendí nada. Lo único que atiné a hacer fue poner un poco de aceite [muy poco en realidad] para un filetazo de pollo. Resultado: no se cocinó bien. Con el tiempo en contra, metí la carne al microondas por cinco minutos [mucho tiempo para un simple pollo semi-cocido]. Cuando saqué el plato, luego de quemarme los dedos, hinqué el contenido con un tenedor, pero el pollo no reaccionaba. Sin embargo lo serví. Pasó poco tiempo y escuché a Daniel diciendo:

"este pollo parece madera"

Arroz agg...

Debido a mis estudios pre universitarios. me alejé temporalmente de la cocina, hasta este lunes. Se me encargó hacer el arroz, calentar unas papas y sancochar un huevo. Pero la falta de práctica había hecho estragos: las papas se sobrecalentaron tanto que quedaron como chifles; el huevo no se sancochó; y el arroz, al cual le habia puesto mucha agua, no se cocinó bién, por lo que tuve que meterlo al [salvador] microondas. Aún así, se malogró a las doce horas.
Era un domingo del año pasado, y como siempre, se me había asignado hacer el arroz. Comenzé mi labor tranquilamente: el ajo, el aceite, lavar el arroz, y así hasta que se hirvió el agua. Llegaron mis padres y servimos la comida. Daniel, con la desconfianza que le había otorgado la experiencia con mi comida, se abstuvo de probar. Mi mamá y mi papá probaron el arroz, no fue dificil adivinar que algo andaba mal: se notaba en sus rostros, pero nadie decía nada. Por fin mi mamá se animó y me dijo:

"hijita, ¿te olvidaste de ponerle sal, no?

 

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